Bucking Fastard: cuando lo extraño se convierte en cine

Izabel Nechita
septiembre 19, 2026
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Hay películas que sabes perfectamente qué quieren contarte desde el primer minuto. Y luego está Bucking Fastard. La nueva película de Werner Herzog juega en otra liga: una historia extraña, incómoda y difícil de encasillar que, precisamente por eso, consigue mantenerte mirando hasta el final.

Hemos podido verla en el Festival de San Sebastián y asistir también a la rueda de prensa junto a Werner Herzog, Orlando Bloom y el productor de la película, donde pudimos conocer un poco más de una propuesta que, desde su propia premisa, ya se sale de lo habitual.

La película sigue a dos hermanas gemelas que parecen funcionar como una única persona. Su relación es tan estrecha que prácticamente no existe una sin la otra, y esa conexión termina convirtiéndose en el centro de una historia que mezcla humor, drama, surrealismo y momentos que rozan directamente lo absurdo.

Y sí: es una película rara.

Pero no rara porque quiera llamar la atención, sino porque Herzog parece completamente dispuesto a dejar que la historia avance sin explicarnos constantemente qué debemos sentir o cómo debemos interpretarla. Hay situaciones que provocan una sonrisa, otras que generan cierta incomodidad y otras en las que simplemente te preguntas qué acabas de ver.

Ahí está parte de su encanto.

Las interpretaciones de las gemelas son uno de los grandes puntos de la película. La sincronización entre ambas consigue transmitir hasta qué punto sus identidades están mezcladas, y hace que por momentos resulte complicado pensar en ellas como dos personas independientes.

Orlando Bloom aparece dentro de este universo como una pieza completamente diferente. Su presencia funciona como una especie de ruptura dentro de la dinámica de las hermanas y aporta una energía distinta a una película que nunca termina de comportarse como esperarías.

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Durante la rueda de prensa en San Sebastián, Herzog hablaba de una película que nace de una fascinación que arrastra desde hace décadas por las gemelas que inspiraron parte de la historia. Y quizá ahí esté una de las claves para entenderla: Bucking Fastard no parece construida para responder preguntas, sino para abrirlas.

¿Qué significa realmente ser una persona cuando tu identidad está tan ligada a otra? ¿Dónde termina una hermana y empieza la otra? ¿Hasta qué punto necesitamos separarnos de quienes queremos para poder construir nuestra propia vida?

La película no responde a ninguna de ellas de una manera sencilla.

Y tampoco lo necesita.

Porque Bucking Fastard es, ante todo, una experiencia. Una de esas películas que probablemente provoquen opiniones completamente diferentes al salir de la sala. Habrá quien conecte con su humor y su surrealismo y quien necesite algo más convencional para entrar en ella.

Pero es difícil negar que tiene personalidad.

En un festival lleno de películas que buscan encontrar su sitio, Bucking Fastard parece hacer justo lo contrario: no intenta encajar en ningún sitio.

Y quizá por eso sea una de las propuestas más particulares que hemos encontrado en San Sebastián.

No es una película fácil. Tampoco pretende serlo.

Pero si algo consigue es que, cuando aparecen los créditos, todavía estés pensando en ella.

Y para una película tan extraña, quizá ese sea precisamente el mejor resultado posible.