Hablamos con Asia Ortega y el director Horacio Alcalá sobre Fragmentos, una película que se adentra en la memoria, las emociones y la forma en la que una historia puede construirse a partir de piezas que no siempre encajan a primera vista.
Hay historias que avanzan de forma lineal y otras que prefieren aparecer como recuerdos: incompletas, desordenadas y cargadas de sensaciones. Fragmentos se mueve precisamente en ese segundo terreno y obliga al espectador a participar un poco más de lo habitual.

Asia Ortega nos habló de cómo ha sido trabajar desde un lugar tan íntimo, con un personaje que no se define únicamente por lo que hace, sino por lo que siente y por todo lo que decide guardar. En este tipo de historias, los silencios y los pequeños cambios de expresión tienen un peso enorme.
Horacio Alcalá, por su parte, explicó cómo nace la idea de apostar por una narrativa más sensorial. Dirigir una película así implica confiar en que el espectador no necesita recibir todas las respuestas de manera inmediata y que también puede disfrutar reconstruyendo la historia.
Eso fue una de las cosas más interesantes de nuestra conversación con ambos: entender que la ambigüedad no tiene por qué ser una falta de información. A veces es una herramienta para que cada persona se relacione con la película desde su propia experiencia.
Fragmentos propone una forma de mirar que exige algo más de paciencia, pero a cambio ofrece una experiencia en la que los detalles importan. La película no solo cuenta qué les pasa a sus personajes; intenta acercarse a cómo recuerdan y cómo sienten lo que les pasa.
Después de hablar con Asia Ortega y Horacio Alcalá, se entiende mejor por qué el proyecto evita darlo todo mascado: la intención no es cerrar cada hueco, sino dejar espacio para que el espectador también forme parte de la reconstrucción.