El Último Mono fue una de esas entrevistas en las que queríamos salir del típico “¿cómo fue el rodaje?”. En El Escapparate pudimos hablar con Susana Abaitua y Juan Dávila para entender cómo se construye una historia que utiliza la comedia, pero que también deja espacio para las inseguridades, los vínculos y las segundas oportunidades.

Susana Abaitua nos habló de la construcción de su personaje y de la importancia de encontrar autenticidad en cada escena. Juan Dávila, por su parte, explicó cómo vivió un proyecto que le pedía moverse entre registros distintos y encontrar el punto en el que el humor no elimina la parte emocional de la historia.
Ese equilibrio es precisamente una de las cosas que más nos interesaba preguntarles. Una comedia puede hacerte reír durante una escena y, casi sin darte cuenta, utilizar esa misma cercanía para hablar de algo bastante más vulnerable. Y cuando eso funciona, los personajes dejan de ser únicamente el vehículo del chiste.
También conversamos sobre la química entre ellos, el ambiente durante la grabación y algunas de las anécdotas que dejó el rodaje. La complicidad que se ve en pantalla no aparece por casualidad: se construye entre ensayos, escucha y la confianza suficiente como para reaccionar de manera natural a lo que propone el otro intérprete.
Más que resumir la película, la entrevista nos sirvió para entender cómo la habían vivido quienes estaban dentro de ella. Qué decisiones tomaron, dónde encontraron la parte humana de sus personajes y cómo se trabaja una historia que quiere hacer reír sin renunciar a hablar de relaciones y cambios personales.
Y eso es también lo que nos interesa conservar de este tipo de junkets: no solo la respuesta promocional, sino esos pequeños detalles del proceso que hacen que, después, vuelvas a mirar determinadas escenas de otra manera.