Como era de esperar —o para quienes vayan siguiendo las pistas de los últimos artículos—, este trataría sobre esa ciudad icónica con la que todo el mundo mantiene un romance, ya sea pasajero o inolvidable. Así es: New York, New York.

Con una mirada desafiante, eléctrica y caótica, la ciudad que nunca duerme y la moda no pueden entenderse por separado. Son causa y efecto; una relación basada en el pensamiento sistémico, como la oferta y la demanda en economía o como los Knicks y la cultura pop en la década de los noventa.

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Pero… ¿qué es realmente la moda? ¿Es un puente? ¿Es una transición? Como todo en esta vida, depende de cómo se mire.

Siguen existiendo fieles creyentes de que la moda es frívola y superficial; sin embargo, yo prefiero no definirla y creo firmemente que ahí reside su verdadero atractivo. ¿Por qué limitarla y reducirla a una sola palabra, como si se tratara de una carta de presentación en una entrevista de trabajo?

Los seres humanos somos más que un término compuesto por unas cuantas letras. Nuestra identidad está formada por experiencias y contradicciones que difícilmente pueden resumirse en una única palabra.

Solo hay que fijarse en el impacto cultural del equipo de baloncesto de Nueva York: los Knicks. Incluso después de 53 años sin conquistar un título, siguen siendo una de las franquicias más queridas del entretenimiento. Los años setenta pueden considerarse su etapa dorada, al igual que los noventa fueron una época gloriosa.

Los neoyorquinos nunca quisieron una historia fácil para su amado equipo, y yo tampoco la querría. Mucho antes de levantar trofeos, los Knicks ya aparecían en Friends, Sex and the City o How to Lose a Guy in 10 Days. Si sus camisetas han formado parte del armario de la televisión, tanto en el pasado como en la actualidad, ¿cómo no iban a hacerlo también del de sus aficionados?.

Es el equipo de la NBA que ha conseguido que sus colores trasciendan la cancha y formen parte de la identidad neoyorquina. El merchandising y toda su iconografía han prevalecido pese a décadas de sequía deportiva. ¿Cómo se explica eso? La respuesta es sencilla: el sentimiento de comunidad. Nueva York es una de las ciudades más reconocibles del mundo y cuenta con una cultura fuerte y profundamente arraigada.

Llevar una prenda de la NBA forma parte de la vida cotidiana de muchos neoyorquinos; es casi un símbolo de identidad. Los Knicks, además, han sabido trasladar esa conexión a la moda gracias a colaboraciones fantásticas con New York or Nowhere, una tienda cien por cien recomendable.

Y, volviendo al debate inicial, ¿cómo podría alguien seguir considerando la moda como algo frívolo después de esta pequeña historia de amor entre los Knicks y el universo fashion? Porque, al final, la moda no solo viste: también cuenta historias, construye identidad y refleja la cultura de una ciudad.

Entender que deporte y moda van de la mano es posible; al fin y al cabo, también funcionan como causa y efecto.

Quizá por eso Nueva York nunca ha necesitado elegir entre baloncesto y moda: ambos forman parte del mismo uniforme.

Por Claudia Horna Blanco