Bruno Mars juega en otra liga: un Cadillac, Anderson .Paak y una voz que dejó Madrid sin palabras

Izabel Nechita
julio 13, 2026
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Bruno Mars regresó a Madrid dispuesto a demostrar por qué continúa siendo uno de los artistas más completos de su generación. Nosotros asistimos a su segundo concierto, el sábado 11 de julio, en el Riyadh Air Metropolitano, y todavía seguimos intentando procesar todo lo que ocurrió sobre aquel escenario.

Ocho años después de su última visita a España, el cantante aterrizó en la capital con The Romantic Tour, un espectáculo en el que presentó su nueva etapa sin olvidarse de todas esas canciones que llevan años acompañándonos. Y es que, aunque había espacio para sus temas más recientes, durante la noche no faltó prácticamente ninguno de sus grandes éxitos.

Desde el primer momento, Bruno apareció convertido en una auténtica estrella. Vestido con un traje negro con detalles rojos, camisa a juego y una bandana roja, parecía salido directamente de otra época. Todo en él tenía ese punto elegante, excesivo y retro que tan bien sabe defender: las gafas, los movimientos, la actitud y esa manera de caminar por el escenario como si todo le perteneciera.

Pero, por mucho que visualmente todo estuviera cuidado, lo verdaderamente impresionante fue volver a escuchar su voz en directo. Bruno Mars no necesita esconderse detrás de una gran producción ni de efectos imposibles. Baila, toca diferentes instrumentos, recorre el escenario de un lado a otro y, aun así, canta con una facilidad que parece casi injusta. Cada cambio, cada agudo y cada pequeño adorno vocal servían para recordar que estamos ante uno de los mejores intérpretes en directo del pop actual.

Uno de los momentos más espectaculares llegó cuando apareció un enorme Cadillac sobre el escenario. Bruno se subió al coche para interpretar “That’s What I Like”, creando una de esas imágenes que resumen perfectamente todo el concierto: elegancia, diversión, estética cinematográfica y un artista completamente cómodo siendo el centro de atención. No hacía falta mucho más. Él, el coche, su banda y una voz capaz de llenar todo el estadio.

La aparición de Anderson .Paak fue otro de los grandes regalos de la noche. Después de haber calentado el ambiente al comienzo de la jornada bajo su alter ego DJ Pee .Wee, regresó para reunirse con Bruno y recuperar durante unos minutos la magia de Silk Sonic. La química entre los dos es evidente: se entienden con una mirada, se divierten, improvisan y convierten cada canción en una pequeña celebración. Juntos devolvieron al escenario ese sonido lleno de soul y funk que hizo de su proyecto uno de los más especiales de los últimos años.

Y, por supuesto, no faltaron los temazos. Sonaron canciones como “24K Magic”, “Treasure”, “Marry You”, “Just the Way You Are” y “Uptown Funk”, haciendo prácticamente imposible permanecer sentado. Bruno sabe perfectamente cuándo acelerar el espectáculo y cuándo bajar las luces para dejar que todo se vuelva más íntimo.

Ese cambio llegó especialmente durante su parte al piano. Allí, sin grandes coreografías ni distracciones, interpretó fragmentos de algunas de sus canciones más emocionales, como “It Will Rain”, “Talking to the Moon” y “When I Was Your Man”. Fue uno de los momentos más bonitos porque permitió apreciar todavía más su voz y esa capacidad que tiene para hacer que un estadio enorme parezca, durante unos minutos, una sala pequeña.

Aunque, para nosotros, la gran favorita sigue siendo “Locked Out of Heaven”. Escucharla en directo, rodeados de miles de personas cantando el estribillo, fue uno de esos momentos en los que recuerdas por qué ciertas canciones nunca envejecen. Tiene fuerza, nostalgia y una energía que sigue funcionando igual de bien años después.

Bruno Mars ofreció mucho más que un concierto lleno de éxitos. Demostró que todavía existen artistas capaces de bailar, cantar, tocar, entretener y sostener un estadio durante horas sin que decaiga la atención. Todo estaba medido, pero nunca parecía frío; todo era enorme, pero seguía teniendo alma.

Madrid llevaba ocho años esperando su regreso y la espera mereció completamente la pena. Porque el sábado no vimos únicamente a una estrella del pop. Vimos a un artista que, sinceramente, juega en otra liga.