Hemos tenido la oportunidad de ver Ink, de David Boyle, una película que nos lleva al nacimiento de The Sun y a todo lo que supone intentar levantar un periódico prácticamente desde cero. Y ahí está, para nosotros, una de las partes más interesantes: no se centra únicamente en la portada que termina llegando al lector, sino en todo lo que ocurre antes.
Decisiones editoriales, presión, ideas que funcionan y otras que no, egos, prisas y la necesidad de encontrar una identidad propia. Ink mira el periodismo desde dentro y recuerda que detrás de cada medio hay personas intentando descubrir qué quieren contar y, sobre todo, cómo quieren contarlo.

David Boyle, además, le da a la película un estilo bastante particular. Hay planos que pueden resultar incluso incómodos y que llegan a generar cierta ansiedad, porque la cámara parece acercarse demasiado a los personajes y a lo que están sintiendo. No es una decisión neutra: puede gustarte muchísimo o puede sacarte completamente de la película.
En nuestro caso, esa puesta en escena funciona sobre todo cuando consigue trasladar la presión del trabajo y la obsesión por hacer que el proyecto salga adelante. La cámara deja de ser únicamente una forma de observar y se convierte casi en otra manera de entrar en la cabeza de los personajes.

Ink nos ha gustado precisamente porque, más allá de contar la creación de The Sun, habla de empezar de cero. De arriesgarse, equivocarse, encontrar una voz y entender que un medio no aparece de la nada: se construye a base de decisiones y de personas.
Y quizá por eso nos resulta especialmente interesante verla desde el otro lado, desde un proyecto como El Escapparate. Porque aunque las escalas sean completamente distintas, hay algo muy reconocible en esa obsesión por encontrar una identidad, construir una audiencia y decidir qué tipo de medio quieres ser.
Una película sobre periodismo, sí, pero también sobre ambición, presión y sobre todo lo que ocurre antes de que una noticia llegue finalmente a nuestras manos.