The Man I Love: cuando Rami Malek vuelve a demostrar que lo extraño también puede ser magnético

Izabel Nechita
septiembre 21, 2026
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Hemos podido ver The Man I Love en el Festival de San Sebastián y, desde el principio, hay algo que llama especialmente la atención: Rami Malek vuelve a encontrar un personaje de esos que parecen hechos para él.

Malek tiene una manera muy concreta de trabajar los personajes con personalidades marcadas. Cuando hay rareza, incomodidad o una forma particular de relacionarse con el mundo, suele encontrar detalles que hacen que el personaje deje de sentirse escrito y empiece a sentirse vivido.

Aquí su interpretación funciona sobre todo en los pequeños gestos: los silencios, las miradas, la manera de moverse y de reaccionar. No necesita subrayar constantemente qué le pasa por dentro. Hay bastante contención y eso hace que resulte más interesante observarlo, porque muchas veces tienes que completar tú lo que el personaje no está diciendo.

Eso también hace que la película dependa mucho de si conectas o no con ese tono. The Man I Love no es una de esas historias que intenta gustar de la misma manera a todo el mundo. Tiene una forma muy determinada de acercarse a sus personajes y deja espacio para que ciertas situaciones respiren, algo que puede resultar magnético para unos espectadores y más distante para otros.

Lo que sí queda claro es que Malek vuelve a demostrar por qué funciona tan bien cuando se aleja de personajes convencionales. Cuanto más específica es la personalidad, más parece disfrutar encontrando los detalles que la hacen creíble.

Nos interesa especialmente esa capacidad de convertir algo extraño en algo reconocible. Puede que no hayas vivido lo mismo que su personaje, pero entiendes la incomodidad, las dudas o determinadas formas de relacionarse porque la interpretación te da suficientes pistas para entrar en ellas.

Desde San Sebastián, nos quedamos sobre todo con eso: una interpretación que no busca llamar la atención a cada momento, pero que termina convirtiéndose en uno de los puntos que más permanecen cuando termina la película.