Vestirse para entender(se)

Claudia Horna
mayo 7, 2026
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Entre luces de escaparates, conversaciones a medianoche y decisiones tomadas frente al espejo, no pude evitar preguntarme: ¿nos vestimos para impresionar al mundo o para convencernos a nosotros mismos?

Aquí estoy, nueva entre las páginas de El Escapparate, averiguando que quizá escribir sobre moda no consiste en seguir tendencias, sino en atreverse a observarlas de otra manera.

Con el tiempo entendí que definir la moda con palabras exactas es casi imposible. Suena un poco como cuando en una entrevista preguntan por qué quieres trabajar en esta industria… y las respuestas se repiten: porque es mi pasión, porque me fascina o porque he visto la película El Diablo viste de Prada. Una respuesta tan común como superficial. Porque la moda va mucho más allá de lo que se puede explicar en una frase bonita. Es algo más humano, casi difícil de poner en orden. Y entonces me quedo con la duda: ¿será que, al final, todos buscamos exactamente lo mismo… algo que nos haga sentir inolvidables?

Caminar por una metrópoli donde todos parecen buscar algo —amor, éxito, una versión mejorada de sí mismos— es como sumergirse en historias que nunca terminan de ser contadas. La prisa es el mayor enemigo de quienes la sufren y, a la vez, curiosamente elegante: se cuela en la forma de vestir, en pequeños gestos comedidos, en los pasos que retumban sobre el asfalto como si cada uno llevara marcado su destino.

En ese milésimo instante de caos absoluto, la moda deja de ser solo apariencia para transformarse en lenguaje. Unas gafas oscuras que esconden tristeza o un perfume que te transporta al pasado: todo sugiere, todo habla, pero jamás ofrece certeza. Y ese es el secreto.

Porque, en el fondo, la moda no trata de lo que mostramos, sino de todo aquello que no sabemos cómo decir. ¿Quién serías si nadie pudiera ver lo que llevas puesto?, pero eso merece otro artículo.

Por Claudia Horna Blanco

Redactora de moda